L’Amuravela

Sobre una barca engalanada, el recitador —vestido con traje de mahón azul marinero— da inicio al rito que habla pixueto:

«En el nombri de Jesús / y la Virgen Soberana, / vou ichar l’Amuravela / como San Pedru asperaba».

Luego vienen los seiscientos o setecientos versos recitados de memoria, con mucha ironía y destreza, como un actor en el escenario. Así va contando al pueblo lo ocurrido de San Pedro a San Pedro, lo que se comenta en los chigres y lo que los pescadores saben antes que los concejales. L’Amuravela es Cudillero hablando desde abajo, desde Cuideiru, con sal en la lengua y la proa apuntando contra quien haga falta.

Fotografías: © Ayto. de Cudillero




Latitud: 43.5634956 Longitud: -6.1460137
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Cada 29 de junio tiene lugar en Cudillero esta celebración, una de las más curiosas y originales del Principado, declarada de Interés Turístico Nacional. La imagen de San Pedro baja a La Ribera, junto a la plaza del Sable, en el corazón más antiguo del puerto. El recitador, bien entrenado y heredero de una prestigiosa cepa de históricos declamadores, se sube a la barca empavesada y, bien erguido, creciéndose por momentos, encarna la voz del pueblo, dice lo que todo el mundo sabe y espera oír en la lengua más genuina: la pixueta.

La villa marinera, anfiteatro de por sí, hace de público y también de tribunal. Conocedora de la importancia que este rito supone para seguir haciendo historia, la población juzgará el buen hacer del orador, lo que sí era necesario que dijese o lo que no tenía que haber obviado.

San Pedro, patrón de cudillero

L’Amuravela es un “sermón” medio religioso y medio profano, recitado en verso, que pone al patrón local (San Pedro, el apóstol pescador y primer Papa) al corriente de lo ocurrido durante el año; desde los asuntos menudos del puerto hasta los grandes avatares del mundo.

La tradición de este relato oral se sitúa al menos en el siglo XVI, vinculada a la construcción de la iglesia de San Pedro hacia 1569 y al regreso de marineros pixuetos que habrían participado en la empresa de la conquista de La Florida, a bordo de la nave El Espíritu Santo (construida en Cudillero). Aquellos hombres trajeron consigo de ultramar la costumbre de saludar al Almirante, y la trasladaron a su devoción por el santo pescador de pescadores.

L’Amuravela

La crónica rimada, irónica y colindante con la guasa, siempre levantó alguna ampolla que otra. Una forma popular de libertad que condujo a choques con párrocos y largas suspensiones. La historia recuerda especialmente el episodio de Xuan de la Cuca a finales del siglo XIX, cuando enfrentándose a la imagen del santo, desenvainó su sable y recitó:

Si falta pescao o pan
d’un sablazo vas al suelo;
cojo las llaves del Cielo,
y se las doy a San Xuan.

Aquel tono irreverente dio a traste con el pregón nada menos que hasta 1946. La tradición fue recuperada mediante un acuerdo con el clero que permitió recitar pero sin la presencia de la imagen del santo. Sería en 2005, después de más de un siglo de anhelo, cuando San Pedro volvió a escuchar directamente L´Amuravela en La Ribera.

Un sermón laico en lengua Pixueta

Entre esos dos hitos se levanta una genealogía de guardianes de la palabra: Elvira Bravo, autora del sermón desde 1947 hasta 1986, nunca bajaba la mañana de San Pedro a escuchar L´Amuravela porque, según aclaró, “no me gusta que digan que la he hecho yo… la hace San Pedro y el pueblo”.

Su hijo, Juan Luis Álvarez Bravo “Totó”, gran intérprete durante varias décadas, y Cesáreo Marqués Valle durante otras tantas (tras tomar el relevo en 1985 y asumir también la redacción del pregón desde 1995), son dos de los nombres propios de esta fiesta. Cesáreo definió la esencia de este monólogo como nadie:  “L’Amuravela tiene que recoger siempre lo que el pueblo dice, ni más ni menos. Es la verdadera expresión de libertad del pueblo pescador de Cudillero”.

Juan Luis Fernández, hostelero local y licenciado en Historia, tomó el testigo en 2025 y sintió en primera persona esa sensación de hablar en nombre de todos: «desde arriba lo ves claro por las caras que están poniendo los vecinos, sabes si el texto está gustando, si hace falta elevar más la voz…»

Este acto central llamado L’Amuravela, es también la cima festiva de las populares fiestas de San Pedro, San Pablo y San Pablín. Pero… ¿quién fue San Pablín? Pues se trata sólo de una invención ingeniosísima que el pueblo pixueto encontró para prolongar un día más sus festejos sin tener que dar demasiadas explicaciones.

La villa de Cudillero ha sido llamada normanda y se la ha imaginado como enclave vikingo, pero las fuentes históricas son prudentes: hubo incursiones vikingas por las costas asturleonesas entre los siglos IX y XII, pero no existen pruebas documentales ni arqueológicas que acrediten un asentamiento normando en Cudillero. Tampoco pasa nada. Lo pixueto no necesita esta condición para ser singular. Nace del oficio, del puerto, del pescado, de una comunidad marinera con vocabulario propio y de una frontera nítida entre quienes vivían de la mar y quienes pertenecían a otros oficios, los llamados caízos.

Nun seremus lus primeirus,
del Cántabru comu antañu
peru lus mijoris, piansu,
siguru siguimus siandu,
¡po lu menus en el “pinchu”!

Le dicen hoy los pixuetos a San Pedro.

L’Amuravela es Cuideiru, la parte de abajo, la zona pescadora y marinera de esta villa. Uno de los puertos primitivos de Asturias y de todo el Cantábrico, que  hasta hace pocas décadas, antes de contar con un muelle grande y moderno, apenas era un atracadero tan reducido que las lanchas no cabían en él: se sacaban a tierra, aparcándolas en las calles y a las puertas de las casas.

Ahora ya no hay tantos marineros como antaño, y el puerto no ocupa el lugar económico que tuvo cuando la vida dependía más directamente de la costera. Hoy se pesca menos para sostener al pueblo y más para satisfacer el paladar de esa otra marea que es el turismo.

Comu cambearun las cousas
en Cuideiru con el tiampu,
anantis todu eran peixis
desdi la Rula p’ abaxu,
¡agora todu son mesas
ya touristas desfrutandu!

Pero en L’Amuravela, además de las costeras y los precios del pescado caben los incendios, la política local, la guerra, los papas, los apagones, la plaza recién arreglada, la ironía contra los poderosos y el aplauso a quienes trabajan por el pueblo. Es una hemeroteca con salitre, un parlamento popular subido a una barca. Y a su alrededor han crecido también reconocimientos culturales como las Amuravelas de Oro, concedidas por la Asociación Amigos de Cudillero desde 1980. Recibir este galardón es un honor indecible.

Y el recitador acaba así:

¡Mientras Cudillero viva
y duri La Fuenti’l Cantu,
va San Pedru a La Ribera
con todos lus demás santus!

 ¡Amura vela! ¡Isa vela!
¡Fuego a babor! ¡Fuego a estribor!
¡¡¡Viva Pedro!!!

Si quieres asombrarte con el ingenio de todas y cada una de las amuravelas, puedes hacerlo en este enlace: https://amuravela.com/amuravelas/

 

Información de interés:

Para visitar Cudillero y L’Amuravela conviene planificar el aparcamiento, ya que el centro histórico es peatonal y no permite estacionar vehículos.

Las mejores opciones son el aparcamiento del Puerto, a unos 500 metros del centro, regulado entre junio y octubre, con pago diario; y la zona alta de El Pito o el cementerio, gratuita y con más plazas, aunque obliga a bajar y subir muchas escaleras.

Más info: turismocudillero.com

© Texto: © Ramón Molleda para asturias.com
Fotografías: © Ayto. de Cudillero


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