El Xiringüelu es, en origen, un baile muy asturiano que ha terminado por dar nombre a todo un universo festivo: cariñosamente, el Xirin. Una sacudida colectiva, una manera praviana y asturiana de ponerse en marcha mucho antes de que suene la primera charanga. Empieza con los preparativos de las peñas, con los materiales que van y vienen, con las bromas de cuadrilla, los planes de folixa y esas robustas construcciones que van tomando forma hasta levantar, casi de la nada, todo un poblado festivo.
Desde Pravia al Prau Salcéu
La villa praviana se pone «el pañuelu» y se deja llevar por una fiesta que crece por días: el jueves por la tarde comienza el Xirinfantil, pensado para que los más jóvenes se adentren en la tradición; el viernes llega el pregón, junto al XirinBollu y el consiguiente reparto del bollo preñao; y el sábado por la noche acontece el Popinazu, un repaso del año con retranca, para pinchar un poco donde haga falta y convertir la actualidad del pueblo en carcajada.nDespués llega el momento de valorar el trabajo de cada cuadrilla y premiar las mejores casetas de la presente edición. Así, acto a acto, culín a culín, se va formando esa corriente popular que empuja a Pravia al prau de la fiesta.
El domingo, cuando llega el día grande, Pravia empieza a moverse temprano. El pasacalles se abre camino por la villa y, al filo del mediodía, la marea festiva, con gaitas, tambores y charangas «va tirando pa el Prau Salcéu«, donde las casetas bien rematadas esperan a sus correspondientes peñas. La fiesta entra entonces en su territorio natural a la vera del Nalón.
La esencia del xirin
El Xiringüelu como romería se inició en los años 40, impulsado por un grupo de pravianos que tenían la idea de recuperar la alegría y la convivencia en los años duros de posguerra. Desde entonces ha pervivido su espíritu de cuadrilla y de jira campestre, pero siempre in crescendo, perfeccionando más si cabe la alegría y la convivencia que se buscaba en sus orígenes, haciéndolo todo más populoso y dinámico, a otra escala, hasta convertirse en una de las romerías más famosas del verano cantábrico.

Los encuentros y los reencuentros forman el idioma natural del Xiringüelu. Se va de peña en peña, de corro en corro, saludando a unos, probando el humor de otros y dejando que la hospitalidad asturiana haga su trabajo. Hay que moverse, dejarse invitar, y corresponder cuando toca poniendo a enfriar sidra, desplegando el mantel con empanadas y tortillas y cocinando insitu si se precia.
Las casetas del Xiringüelu
Las casetas o “casetes” son la seña de identidad del Xirin. Antes del gran día se ha calculado la sombra, preparado la logística y repartido tareas para levantar esas construcciones que no son simples refugios para el sol o la lluvia, sino la casa de cada peña, escenarios de amistad y juerga fabricados con madera, lona, pintura, carteles, banderas, neveras, mesas, comida, sidra y mucho orgullo. Unas presumen de decoración, otras de ambiente, otras de buenas viandas, pero todas refuerzan por igual el sentimiento “folixero” del “poblado”.

Las peñas
Entre las peñas más conocidas está El Ahorcáu, nacida de una broma de amigos en 1978, cuando el Xiringüelu aún se celebraba en la parroquia de Cañedo. Aquel muñeco colgado de una percha no solo acabó dando nombre a la peña, sino que terminó convertido en uno de los símbolos más reconocibles del Xirin. Hoy, cuando la gente entona el “Asturias, patria querida” delante del ahorcáu, está dando el chupinazu de la folixa y celebrando una de sus tradiciones más queridas. La escena lo explica todo sin necesidad de manual: ya se puede empezar a xiringar.
La peña de el Ahorcau ha pasado a la historia también por ser la primera en contar con una camiseta propia. En la actualidad, las camisetas de las peñas son una manera de decir “yo soy de aquí”, “yo vengo con estos”, “esta ye mi cuadrilla”. Cada una con su nombre, su dibujo, su lema o su broma. El prau se convierte así en un desfile de colores, ocurrencias e identidades colectivas. Hay camisetas nuevas, de aniversario, camisetas de ediciones pasadas y otras que ya sólo funcionan como reliquia de pandilla.
La Xirinzone
En los últimos tiempos, además, la fiesta ha sabido dar cauce a las nuevas energías juveniles con espacios como la XirinZone, una gran zona de música amplificada y baile continuo pensada para apurar la jornada hasta el último aliento. Es el lado más festivalero del Xirin, con acceso restringido mediante entrada. Para horarios, condiciones de acceso y detalles de cada edición del Xirinzone y del resto del programa festivo, conviene consultar siempre la información actualizada en xiringuelu.es
Consejos para unirte al Xirngüelu
Quien vaya por primera vez al Xiringüelu hará bien en saber unas cuantas cosas para no sentirse “extrañu” (aunque esto es prácticamente imposible). El consejo más sabio es empezar pronto, escuchando los primeros latidos de la fiesta dominical y su mañaneo en la villa de Pravia. A partir de aquí hay que dejarse llevar. El pañuelu ayuda, claro, porque enseguida lo mete a uno en la corriente del Xirin; pero también ayuda una buena ropa de batalla, calzado cerrado y cómodo y algo para protegerse del sol o de la lluvia.
El Xiringüelu no se mira desde fuera, se vive desde dentro, participando a tope y entrando en la corriente de la romería con buena disposición, buen humor y respeto por quienes llevan días preparándolo todo. Aquí se bebe sidra con cabeza, se come con fundamento, se canta, se xiringa y se baila porque lo pide el cuerpo; pero también se cuida la fiesta como si fuera de uno, sabiendo que pertenece a todos los que la “trabajan” y quieren volver a verla igual de alegre al año siguiente.
El Xiringüelu es mucho más que una fiesta de prau, y aunque conserva el fondo de romería asturiana ya no puede vivir como si fuera pequeña. Necesita organización, accesos, limpieza, seguridad, espacios diferenciados y una estructura capaz de acoger a mucha gente sin que se pierda lo esencial. Si te unes a la fiesta, respeta sus códigos y su alma, no uses vasos de vidrio y, a poder ser, desplázate en transporte público.
Fotografías: © Alovisual - Cofradía del Xiringüelu























