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Los Exconxuraos

Los Exconxuraos

La rebeldía de un pueblo

Los Exconxuraos

Los Exconxuraos de Llanera no son un simple decorado medieval levantado para entretenimiento de visitantes, aunque tengan mercado, pendones, fuego, caballeros, música, cena, torneo y cetrería; son, antes que nada, la memoria dramatizada de una comunidad que se enfrentó al poder, soportó la condena y acabó convirtiendo la penitencia en orgullo.

Los «Exconxuraos» son los excomulgados de este municipio que decidieron rebelarse contra la injusticia de su tiempo. Su recuerdo festivo tiene lugar el primer fin de semana de julio, en el Recinto Ferial de Llanera.

Fotografías: © Ayto. de Llanera




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La fiesta rememora un episodio sucedido entre 1408 y 1412, cuando los vecinos del concejo de Llanera, sometidos al señorío jurisdiccional del clero ovetense, se alzaron contra los agravios que atribuían a los representantes del obispo, don Guillén de Monteverde o Verdemonte. Aquel conflicto, que pudo comenzar por un abuso concreto —la apropiación forzosa de un buey perteneciente al hidalgo Gonzalo Rodríguez de Posada, según algunas versiones—, prendió en una insurrección popular.  Los vecinos decidieron no obedecer, y en la Edad Media no obedecer al señor, cuando el señor era además obispo, equivalía a perderse las llaves del cielo.

La respuesta fue terrible: excomunión para los habitantes del concejo. Las iglesias cerraron sus puertas, las campanas enmudecieron, los oficios religiosos quedaron suspendidos y los principales sacramentos dejaron de celebrarse. Esto suponía nacer sin bendición, casarse sin amparo, morir sin sepultura canónica y haber vivido bajo una sospecha permanente que se prolongaba en la eternidad.

Lo extraordinario de estos acontecimientos no fue únicamente la condena, sino la resistencia que durante cuatro años ejerció el concejo entero: hidalgos, pecheros, hombres buenos, familias y parroquias. Por eso la fiesta de Los Exconxuraos tiene algo de épica civil, la firmeza de una pequeña comunidad asturiana que se negó a aceptar como natural el abuso. La reconciliación sólo llegaría tras la muerte de don Guillén, cuando el nuevo obispo, Diego Ramírez de Guzmán, abrió una vía de concordia.

El 27 de julio de 1412 se reunieron en Posada los representantes del concejo para manifestar su retorno a la obediencia y solicitar el levantamiento de la excomunión. Pero el perdón exigió una escenografía extra: treinta hombres —veinte nobles y diez pecheros— tuvieron que acudir a la iglesia de San Salvador de Oviedo, descalzos, vestidos con sacos o jubones, ceñidos con cuerdas y llevando candelas encendidas en las manos. Debían participar en la procesión y la misa antes de recibir la absolución. Este es el núcleo dramático de la fiesta: la marcha penitencial hacia Oviedo. Treinta hombres caminando como vencidos para que el concejo entero pudiera volver a comulgar.

Los Exconxuraos

Desde el año 2000, Llanera convirtió aquellos hechos en fiesta popular, y con el tiempo Los Exconxuraos se han consolidado como una de las grandes celebraciones históricas de Asturias, reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional. Pero el atractivo de Los Exconxuraos no radica sólo en los ropajes medievales o las recreaciones históricas, sino en su esencia real, en el hecho de que Llanera se reconoce a sí misma en estos sucesos.

De esta forma, la memoria no la sostienen únicamente los documentos, ni los nombres de los obispos, ni la solemne de la absolución, sino, sobre todo, la participación de los vecinos, que son quienes convierten el recuerdo en una festejo. Los habitantes de Llanera se preparan sus propios atuendos, desfilan, actúan, colaboran en la ambientación y convierten la fiesta en una prolongación simbólica del viejo concejo rebelde.

Los Exconxuraos

Los actos principales forman una especie de liturgia profana. El mercado medieval y el campamento transforman el recinto ferial en una villa fortificada, poblada por artesanos, juglares, bufones, trovadores, bailarinas, hombres de armas, aves de cetrería y oficios antiguos. La atmósfera de Edad Media es total: hierro, cuero, fuego, madera, música, gritos, puestos, humo y ese desorden pintoresco que tanto gusta al público actual, quizá porque la vida cotidiana se nos ha vuelto demasiado ordenada.

El desfile de los Exconxuraos es el acto más singular de la celebración. Las figuras vestidas con sacos, ceñidas con cuerdas y evocadas como antiguos penitentes se contrapone a la estampa de la misa campestre, que es la que nos recuerda de nuevo que el conflicto no fue sólo político o vecinal, sino también religiosa.

La cena medieval ocupa otro lugar central. El banquete, con su abundancia y su teatralidad, representa la otra cara de la penitencia: después del saco, el mantel y el vino; después de la excomunión, el cordero (a la estaca). En torno a la cena se congregan centenares de comensales vestidos de época, y el torneo de caballeros añade a la noche el estrépito de la épica: lanzas, duelos, honor y espectáculo en vivo.

Hay también una dimensión asturiana muy reconocible en este evento. Los Exconxuraos son fiesta histórica y fiesta de prao al mismo tiempo. Tienen solemnidad y cultura, pero no pedantería. El concejo se engalana, desfila y sigue todos los actos protocolarios, pero al final todo termina en una buena verbena.

 

© Texto: © Ramón Molleda para asturias.com
Fotografías: © Ayto. de Llanera


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