El Descenso Folklórico del Nalón es toda una epopeya, una épica escrita cada verano con madera, poliespán, pintura, ruedas, flotadores, músculos y bastante insensatez bien organizada. De esa mezcla nace una auténtica Armada Invencible que, afortunadamente, no pretende conquistar Inglaterra, sino el río Nalón. La batalla se centra en hacer disfrutar al público, sobrevivir a la travesía y, de paso, conquistar el trofeo más codiciado del verano asturiano. Pero el combate no se libra en un solo día. Empieza muchos meses antes, cuando cientos de personas dedican incontables horas a construir enormes criaturas fluviales, destinadas a competir y a resistir los envites del río.
Para entender semejante contienda hay que empezar por el principio.
De una jira entre amigos a un gran Descenso Folklórico
Corría 1968 cuando la Asociación Cultural Eros planteó organizar durante las fiestas de Pola de Laviana una jira bien distinta, un descenso por el Nalón. Aquella primera expedición tenía aún poco de las monumentales carrozas actuales. Hubo disfraces, comparsa y una carrera improvisada en la que algunos participantes terminaron avanzando por el río a nado o flotando como buenamente podían. De aquella ocurrencia, que en principio pudo parecer una extravagancia de verano, nació una de las celebraciones más populosas de Asturias.
A partir de 1973 las peñas fueron introduciendo normas, embarcaciones construidas expresamente para la ocasión y disfraces asociados a una temática. La fiesta dejó de ser simplemente una prueba para convertirse en espectáculo. Las poblaciones del concejo y la comarca fueron sumándose a la carrera naval y guardando celosamente sus construcciones. Ese secreto sigue siendo uno de los grandes alicientes, pues hasta el último momento nadie sabe qué flota irrumpirá en escena, mientras talleres y astilleros improvisados trabajan a pleno rendimiento. Con los años la técnica ha ido alcanzando tal nivel que incluso se incorporan conocimientos procedentes del mundo fallero para perfeccionar materiales y métodos constructivos.

El Descenso fue reconocido como Fiesta de Interés Turístico Regional en 1991 y alcanzó la consideración de Fiesta de Interés Turístico Nacional en 2020, culminando institucionalmente una historia que había comenzado más de medio siglo antes con unos amigos echándose al río.
Las peñas y las embarcaciones
Cada peña tiene su tripulación, sus mandos —hasta existe reglamentariamente la figura del almirante—, constructores, especialistas en disfraces, músicos, también su intendencia y su estrategia. Y como la temática es libre, algunas de estas galeras lavianesas pueden acabar llevando cañones; aunque todas, sin excepción, disparan imaginación.

Puede desembarcar una corte faraónica, una tropa de superhéroes, un monstruo mitológico o una sátira de actualidad. Cada embarcación es escultura, escenario, mascarada y artefacto flotante a la vez, y se valora por su técnica, estética, vestuario y capacidad de espectáculo. Pero no basta con lucirse en tierra, ya que tras el inicial desfile terrestre tienen una segunda vida mucho más peligrosa; toca enfrentarse a corrientes, cantos rodados y estrecheces. La obra de arte entra entonces en combate.
La competición posee algo de justa medieval y algo de regata absurda, siendo la Sopera el Santo Grial de las peñas, un trofeo nacido de la guasa e inspirado en la ensaladera de la Copa Davis. Este premio tan propio resume la filosofía del Descenso, capaz de tomarse muy en serio el trabajo de las peñas sin cometer jamás el pecado de que la fiesta termine por resultar seria. También tenemos la Soperina, destinada a las embarcaciones infantiles, y otros reconocimientos especiales que premian la Asturianía, el vestuario o la Folixa, ese concepto difícil de traducir para quien nunca haya vivido una fiesta asturiana desde dentro.
El gran día, todos al Nalón
Desde la mañana se concentran en las calles de Pola de Laviana peñistas, disfraces y charangas; y las embarcaciones abandonan sus lugares de construcción para concentrarse antes del desfile. Es la ocasión perfecta para acercarse a las carrozas, apreciar sus detalles y los acabados que después resultarán imposibles de distinguir entre la multitud.
Al rato, las estructuras voluminosas deberán atravesar la localidad sin motor alguno, impulsadas por sus propios participantes, sorteando desniveles, cruces y mil obstáculos. Las charangas constituyen la artillería sonora del Descenso. Un carnaval veraniego en toda regla, donde cada peña desarrolla su particular escenografía. Pero llega un momento que la algarabía se transforma en profunda solemnidad y suena “Chalaneru”.
Esta canción popular está íntimamente unida a Laviana y al Nalón, y el Descenso la ha incorporado como himno. Cuando las peñas la entonan colectivamente, el carnaval encuentra de pronto su canto de guerra. Es el equivalente lavianés al redoble antes de la batalla fluvial, aunque aquí el ejército esté compuesto por piratas, romanos, marcianos, animales fantásticos o personajes de historieta.
La comitiva avanza hacia Puente d’Arcu, donde cambia la naturaleza de la fiesta. Se termina la comodidad del asfalto, las carrozas dejan definitivamente de fingir que son carrozas y han de demostrar que son naves fluviales.
Poco antes de entrar en el agua, tiene lugar uno de los momentos más simbólicos del Descenso, cuando la Xana de cada embarcación arroja flores al Nalón. Un sencillo gesto que sirve como homenaje al río, verdadero protagonista de la fiesta.
Y empieza la épica.
El tramo fluvial hasta La Chalana ronda el kilómetro y medio. Sobre el papel parece poca cosa, pero en el agua, conduciendo una escultura gigantesca entre piedras y corrientes, puede convertirse en una odisea. Hay zonas donde el río ayuda demasiado y arrastra; otras donde ayuda muy poco y obliga a empujar, tirar, levantar, desencallar y recomponer la formación. El público sigue atento desde la orilla cómo la orgullosa flota, que horas antes parecía invencible, comienza a negociar su supervivencia con el Nalón.
Una embarcación puede llegar majestuosa a un rápido y salir de él con el aspecto de haber participado en las guerras púnicas. Otra sufre un naufragio parcial, clavada sobre las piedras, y necesita el concurso de media tripulación. Una tercera encuentra su canal y avanza triunfalmente entre los gritos de la ribera.
El desembarco en el Prau de La Chalana ofrece otro de los momentos imprescindibles del día. Allí puede contemplarse el estado final de las embarcaciones después de la travesía. El jurado, de hecho, tiene en cuenta distintos aspectos de las construcciones y su comportamiento en el conjunto del Descenso.
Y todavía queda la noche. La entrega de premios corona la rivalidad con la Sopera, la Soperina y los galardones especiales. En torno al Descenso se han consolidado asimismo actividades musicales, gastronómicas y culturales, y también acontece El Regodón, festival musical y de ocio gratuito que se celebra durante varios días en el Parque de los Príncipes de Pola de Laviana.
La programación concreta cambia, así que conviene consultar siempre el programa de cada edición en la web oficial: descensodelnalon.es
Cómo vivir el Descenso sin perderse nada
La primera recomendación es llegar con margen. Cuanto antes estemos en la localidad, más sencillo será orientarnos y, sobre todo, mejor podremos saborear ese periodo previo en el que las embarcaciones se concentran y el pueblo va entrando lentamente en ebullición.
Si acudimos en coche, interesa consultar con antelación los dispositivos de tráfico y estacionamiento habilitados para cada edición y asumir que probablemente será necesario caminar.
El segundo consejo es no obsesionarse con encontrar un único lugar perfecto. El Descenso tiene varios escenarios y cada uno ofrece algo distinto. El centro de Pola permite disfrutar del desfile y la aproximación a Puente d’Arcu permite disfrutar del momento en que las carrozas se transforman definitivamente en barcos. El entorno fluvial permite contemplar la lucha con el río. Y La Chalana ofrece el desenlace y el ambiente del desembarco. Quien pueda combinar varios de esos puntos disfrutará mucho más que quien permanezca inmóvil durante horas esperando una única fotografía.
Es necesario vestirse para el Nalón. Calzado cómodo y sufrido sera una excelente idea. También protección solar si el día viene despejado y alguna prenda impermeable por si llueve.
Un poco más de agua no importa. La propia filosofía de la fiesta queda resumida en uno de sus lemas: “Y si llueve… ¡que llueva!”
El teléfono móvil con la batería cargada, funda que aguante salpicaduras y, si uno piensa aproximarse al río, protección frente al agua.
Y hay otra recomendación que parece obvia pero no siempre lo es: respetar el río y a la organización. El Descenso cultiva deliberadamente la imagen de caos festivo, pero debajo de esa apariencia existe una estructura considerable de seguridad. Las normas prohíben materiales contaminantes, motores en el río, pirotecnia, conductas que entorpezcan el recorrido y actitudes irrespetuosas hacia público u otros participantes.
Descenso Folclórico del Nalón 2026
El 57º Descenso Folklórico se … Leer más
Fotografías: © Monchu Calvo - Llavanieses Pol Descensu






















