En Asturias, tierra de oquedades y de montañas que parecen diseñadas para guardar secretos, Cueva Huerta se alinea con otras cavidades notables, aunque sin el boato prehistórico de Tito Bustillo ni el brillo estalactítico de la cueva de El Pindal. No se la puede comparar tampoco con las entrañas espectaculares de La Lluera o Candamo, donde los antiguos moradores dejaron constancia de sus inquietudes pictóricas sobre la piel de la piedra. No, Cueva Huerta es distinta: más salvaje, más abrupta, con un sistema kárstico de casi 14 kilómetros de galerías -compuesto por un desfiladero, sumidero, gran cueva, diversos cauces subterráneos y resurgencia- en las que no se encuentran bisontes ni caballos rupestres, pero sí una sinfonía subterránea de goteos, oscuros lagos y murciélagos que trazan sus rutas ciegas entre las sombras. Aquí habita una de las colonias de murciélagos más importantes del norte de España.
El entorno que la rodea es tan sobrecogedor como la propia cueva. Estamos en el Parque Natural de las Ubiñas-La Mesa, en el desfiladero de Estrechura, a escasos kilómetros del Parque de la Prehistoria, un territorio donde la naturaleza sigue dictando las normas. Lo que comienza como una cavidad apacible se convierte en un laberinto donde la roca parece viva, modelada por el agua y la paciencia geológica. El río Sampedro, que la atraviesa, ha ido esculpiendo sus galerías con la precisión que solo la naturaleza alcanza cuando dispone de miles de años para su obra.
Para los espeleólogos, Cueva Huerta es una joya; para los murciélagos, un hogar; para los caminantes desprevenidos, un recordatorio de que hay lugares que no necesitan ser domados para ser comprendidos. No es casualidad que haya sido declarada Monumento Natural en el año 2002: en un tiempo donde todo debe ser accesible, donde los caminos se asfaltan y los miradores se señalan con carteles explicativos, Cueva Huerta sigue siendo un desafío, un misterio que se adentra en la tierra y nos invita a mirarla con la reverencia de quien se asoma a lo desconocido.
Las galerías: un laberinto esculpido por el agua
Su sistema kárstico es uno de los más extensos de Asturias, con galerías que serpentean bajo la sierra con la tenacidad paciente de la roca modelada por el agua.

Se pueden distinguir dos niveles principales:
· El nivel superior, más seco y de fácil acceso, donde el visitante puede recorrer amplias salas con coladas calcáreas y espeleotemas que reflejan el lento trabajo de filtración del agua. Aquí predominan las estalactitas y estalagmitas, algunas de ellas con formas caprichosas que los espeleólogos han bautizado con nombres evocadores. Las formaciones recuerdan a menudo cortinas de piedra o goteos congelados en el tiempo, creando un escenario de misterio que parece sacado de una leyenda celta.
· El nivel inferior, por el contrario, es el dominio del agua. El río Sampedro atraviesa estas galerías con un flujo intermitente, aumentando su caudal en épocas de lluvias y obligando a los espeleólogos a medir bien sus pasos. En este nivel se encuentran lagos subterráneos, algunos de ellos con sifones que desafían la exploración humana. No es un terreno apto para visitantes ocasionales: aquí la cueva se muestra en su faceta más indómita, con pasos angostos, desfondes y zonas inundables que exigen pericia y respeto.
Además, en su interior hay chimeneas y conductos verticales que comunican los distintos niveles y que han sido formados por la acción erosiva del agua a lo largo de miles de años. Estos pasos conectan galerías angostas con salas más amplias, generando un recorrido laberíntico que solo los más experimentados pueden transitar con seguridad.
Visitas a Cueva Huerta
Actualmente la gestión de las visitas guiadas está en manos de la empresa de turismo activo Deporventura. Pueden realizarse dos tipos de visita: una familiar con una duración de unos 50 minutos. Y otra, de 3 horas de duración con rappels, gateras, sifones… para aventureros, que recorre el cauce subterráneo del río Val de Sampedro. La visita por el interior de las galerías es sencilla y apta para todos los públicos, salvo que tengamos problemas de movilidad.
Cómo llegar a Cueva Huerta
Desde Oviedo se coge la A-63 autovía de La Espina. Tomamos la salida 9 dirección N-634 Trubia, para después coger el desvío de la AS-228 a Proaza y Teverga. Atravesando los parajes de la Senda del Oso -Tuñón, Villanueva, Proaza, Caranga de Abajo, Entrago, hasta llegar a San Martín de Teverga-. Desde allí, se continúa hacia Puerto de Ventana, a unos 6 kilómetros y medio de San Martín, donde un desvío perfectamente indicado lleva hasta la boca de la cueva, a poca distancia de la carretera.
Fotografías: © Roberto Molero en Flickr









