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Les Comadres

    En el calendario asturiano, tan pródigo en fiestas que oscilan entre lo sagrado y lo pagano, destaca una jornada peculiar, singularmente femenina y de aroma popular: la fiesta de Les Comadres. Fiesta sin santos ni vírgenes, sin patrón ni milagro; una festividad que no reclama procesión, sino merienda, y que se celebra no tanto por mandato celestial como por acuerdo tácito entre amigas. Una fiesta, en fin, que resume esa sabiduría callada de las mujeres que saben reírse de lo que no tiene remedio y brindar por lo que aún puede disfrutarse.

    Este 2026 se celebran el 12 de febrero.




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    De Roma a Siero. A fuerza de investigar, uno encuentra que casi todas las costumbres asturianas —tan nuestras y tan del lugar— tienen en realidad orígenes remotos y compartidos, como si los pueblos no hicieran sino reinventar, con acento propio, viejas formas de celebrar lo mismo. Así, se dice que la fiesta de Les Comadres tiene su lejano antecedente en las Matronalias romanas, aquellas festividades en honor a Juno Matrona, que permitían a las mujeres, por una vez al año, invertir el orden social y ejercer ciertos privilegios usualmente reservados a los varones. Como un eco de Saturnales domésticas, estas matronas celebraban la fertilidad, la amistad y el parentesco elegido.

    Y como en Asturias, lo que no se escribe se transmite, la fiesta se deslizó a través de los siglos, hasta depositarse —quién sabe cómo— en Pola de Siero, donde echó raíces firmes. Allí, desde tiempo inmemorial, las mujeres celebran su día con el fervor alegre de quien sabe que hay pocas ocasiones como ésta para escapar del mandato rutinario.

    La geografía de la fiesta de Les Comadres

    Aunque de origen eminentemente asturiano, la fiesta tiene hoy día una presencia desigual pero arraigada en diversas localidades. Históricamente, su epicentro fue Pola de Siero, donde desde tiempo inmemorial se celebraba de forma masiva. En Gijón también existen testimonios de reuniones de comadres, aunque hasta fechas recientes eran más bien celebraciones privadas en domicilios, sin el carácter público y bullicioso que ha adquirido hoy día.

    A partir de los años 80, la festividad se revitalizó y comenzó su expansión a otros concejos del centro de Asturias. Hoy en día se celebra con entusiasmo en Siero, Langreo, Gijón, Avilés y Oviedo, y va ganando terreno en otras localidades de la zona central del Principado, con una acogida cada vez mayor.

    Fuera de Asturias, también encontramos versiones similares de esta festividad en otras partes de España, como en el País Vasco, especialmente en Guipúzcoa, donde también se celebran encuentros exclusivamente femeninos con espíritu parecido.

    ¿En qué consisten Les Comadres?

    La mecánica es sencilla, pero el sentido es profundo. Las comadres, amigas del alma, confidentes, cómplices, se reúnen para comer, beber y reír juntas. El menú, invariable: bollu preñáu y sidra, esa pareja indisoluble que bien puede compararse a otras duplas clásicas como Don Quijote y Sancho o Clarín y Vetusta. En algunos lugares, la fiesta se sofistica y se organiza en restaurantes y bares; en otros, conserva su aire de encuentro más privado.

    ¿Y los hombres?, se preguntará algún lector intrigado. Pues los hombres también están invitados.

    En resumen, Les Comadres no son una fiesta institucional ni canonizada: su esencia está en el encuentro entre mujeres. No se trata de un desfile ni de una representación, sino de una afirmación de la amistad, la complicidad y el poder femenino, en clave lúdica y festiva.



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