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Ruta al Mirador de Ordiales
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Si en Asturias hubiera que elegir una ruta de montaña “de toda la vida”, esa que sale en todas las guías y a la que siempre se vuelve aunque uno la conozca de memoria, sería la del Mirador de Ordiales.

Situado a casi 1.700 metros de altitud, al borde de un balcón natural sobre el valle de Angón, este enclave concentra una permanente peregrinación a sus vistas descomunales. Una contemplación en estado puro, que nos deja mudos ante el silencio, el sobrecogimiento y la grandeza del paisaje.




Latitud: 43.2250290 Longitud: -5.0115290
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Este lugar reúne lo que se espera de una buena ruta: pista bien marcada, paisajes memorables y una panorámica final que sirve de colofón al esfuerzo. La diferencia es que, en Ordiales, todo ello se multiplica y adquiere otra dimensión. Esta ruta es un clásico del senderismo y del montañismo asturiano, y el propio mirador, uno de los altares panorámicos del Parque Nacional. Ninguna fotografía hace justicia a las vistas que desde aquí se alcanzan, porque ninguna imagen puede trasladar la sensación de estar allí: el vacío a los pies, el aire puro en los pulmones y esa amplitud del horizonte abriéndose sin límites.

Sobre este balcón suspendido en el vértigo del macizo occidental de Los Picos, donde los rebecos caminan junto a los precipicios y las nubes suelen quedar bajo los pies del caminante, reposan los restos de Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, primer impulsor del Parque Nacional y pionero en la defensa de la montaña asturiana. Quizá por respeto a su legado conviene recordar que esta ruta no es un juego. Si elegimos mal el día, la niebla o la lluvia nos restarán visibilidad y harán peligroso el tramo final. Y aunque es una ruta muy transitada, no hay que olvidar que la montaña exige respeto y no admite ligerezas. Es obligado consultar los partes meteorológicos, llevar ropa y calzado de montaña y disponer de una buena forma física.

Al Mirador de Ordiales desde Lagos

La ruta parte del área de Buferrera, junto al Centro de Visitantes Pedro Pidal, cerca del Lago Enol. Sin embargo, muchos senderistas prefieren empezar en Pandecarmen, un pequeño aparcamiento un par de kilómetros y medio más arriba, al final de una pista de tierra cerrada al tráfico en temporada alta. La senda señalizada como PR-PNPE-5 nos lleva en primer lugar a la Vega de Huerto, a la que tardearemos una hora aproximadamente en llegar, transitando por una pendiente en ligero ascenso. Es una primera etapa cómoda, que recorre bellas praderas de montaña, con vistas abiertas a los Lagos, de camino a las primeras paredes calizas. Llegamos a la vega, donde mana una fuente fresca y se encuentra el Pozo del Alemán, una pequeña poza de unos tres o cuatro metros de diámetro que debe su nombre a Roberto Frassinelli (1811-1887), más conocido como “el Alemán de Corao”. Frassinelli fue un personaje muy peculiar: nacido en Alemania, acabó asentándose en Asturias, donde destacó como erudito autodidacta, arqueólogo aficionado y gran amante de la montaña; uno de los primeros enamorados de los Picos de Europa. En sus excursiones solía bañarse en este lugar, de ahí que se bautizara con su apodo.

Desde la Vega de Huerto el sendero gana suavemente altura y se encamina hacia la Vega la Piedra. Después de aquí, el paisaje se vuelve más rocoso y ascendemos poco a poco; en menos de una hora se alcanza el Refugio de Vegarredonda, situado a 1.420 metros de altitud. Se trata de uno de los puntos clave de esta ruta y de muchas otras que se adentran en el Cornión. Inaugurado en 1949 y reformado varias veces desde entonces, dispone de camas, comedor y servicio de guardas, lo que lo convierte en un punto seguro para pasar la noche o simplemente reponer fuerzas. Es, en cierto modo, la puerta natural hacia las zonas altas de los Picos de Europa, y un lugar en el que se cruzan senderistas que van al Mirador de Ordiales con montañeros que buscan cimas altas y exigentes, como Peña Santa (2596m).

Ruta al Mirador de Ordiales

La majada de Vegarredonda sirve de umbral a un terreno ya más montañero, cada vez más cárstico y con panorámicas cada vez más amplias. Iremos ganando altura con rapidez, serpenteando hasta los Campos de Torga, un descanso visual en medio del ascenso: un espacio abierto, con praderas de altura donde todavía pastan animales, que anuncia la cercanía de la parte final del recorrido. Desde aquí, el sendero sigue ganando altura y en un último tramo se bordea la verticalidad de los precipicios hasta un vértice escénico de excepción: el Mirador de Ordiales.

El Mirador de Ordiales

El balcón de Ordiales impresiona incluso antes de alcanzarlo: la panorámica se intuye en el aire, y a medida que uno se acerca crece ese cosquilleo que anticipa algo grande. Basta dar unos pasos más para que la montaña se interrumpa de golpe y el paisaje se despliegue de forma abrumadora. Nos encontramos en una cornisa natural, un corte seco en la montaña que se desploma cientos de metros hacia el vacío. La sensación es la de estar en el extremo del mundo, con el aire fresco en el rostro y un horizonte que se abre sin límites;  donde no resulta raro ver planear un águila real, dueña absoluta de estas alturas.

Ruta al Mirador de Ordiales

La vista se abre en abanico. En primer plano, la verticalidad del Valle de Angón, profundo y verde, que parece perderse hacia Amieva y el cordal de Ponga, también en primer plano el Tiatordos y el Parque Natural de Redes. Y si el día lo permite, la recompensa es aún mayor: la lejana línea del Cantábrico se dibuja en el horizonte, como si la montaña y el mar se dieran la mano.

Este lugar es también memoria. Aquí quiso reposar para siempre Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa, el mismo que logró en 1918 la creación del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, germen del actual Parque Nacional de los Picos de Europa. Noble por nacimiento, pero montañero por convicción, unió a su pasión por la caza y el alpinismo la visión de que este paisaje debía preservarse. Que eligiera Ordiales como tumba no es casualidad: resume mejor que ningún otro rincón lo que significan los Picos de Europa, entre la dureza de la roca y la grandeza del paisaje

Características técnicas de la ruta

Estamos ante un clásico indiscutible del senderismo en Asturias: una ruta asequible en lo técnico, pero que va mucho más allá de un simple paseo.

Nombre oficial PR-PNPE-5: Ruta al Mirador de Ordiales
Distancia total: 21 kilómetros ida y vuelta desde Buferrera.
Desnivel acumulado: aproximadamente 1.000 metros positivos.
Altitud máxima: 1.750 m
Dificultad Media. Requiere buen calzado y forma física básica. Tramos expuestos.
Duración estimada: 7 a 8 horas ida y vuelta.
Tipo de recorrido: Lineal (se regresa por el mismo camino).
Señalización: Buena (balizas blancas y amarillas de PR).


Texto: para asturias.com Copyright Ramon Molleda





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