El recorrido discurre por un pequeño valle semicerrado, húmedo y protegido, en el que la vegetación lo envuelve casi todo. Desde fuera apenas se intuye lo que hay dentro: pináculos de piedra caliza, paredes verticales, cavidades, canales naturales y rincones sombríos donde crecen robles, laureles, castaños, madroños, fresnos, avellanos, acebos y tejos. Es un paisaje muy asturiano, pero con un punto inesperado, casi secreto.
Lo más curioso de este espacio es que su aspecto actual no se debe solo al agua y al paso del tiempo. En época romana, entre los siglos I y II d. C., esta zona fue explotada para extraer oro. Aquellos trabajos mineros dejaron al descubierto galerías y formaciones kársticas que el agua había ido creando durante millones de años. El resultado es un lugar singular: mitad bosque, mitad yacimiento, mitad capricho geológico.
Hoy las Cuevas de Andía están declaradas Monumento Natural y forman parte de esos espacios donde conviene caminar sin prisa. La visita permite entender cómo se combinan la roca, el agua y la mano humana. A lo largo del paseo aparecen restos relacionados con la antigua minería: galerías, pozos cegados, trincheras, canales y zonas de extracción cubiertas en parte por la vegetación. No hace falta ser experto en arqueología para disfrutarlo; basta con dejarse llevar por el camino y mirar alrededor.
La ruta es corta, de unos dos kilómetros, y está bien señalizada. Cuenta con pasarelas, escaleras y barandillas de madera que ayudan a recorrer el espacio sin salirse del trazado, algo importante tanto por seguridad como por conservación. Es una visita muy recomendable para familias con niños acostumbrados a caminar, aunque no está adaptada para personas con movilidad reducida ni para sillas de ruedas.
Además de su interés histórico, el lugar merece la pena por la sensación de entrar en un pequeño bosque escondido. La mezcla de vegetación atlántica y mediterránea se ve favorecida por la cercanía de la costa y por la protección natural del valle. En el entorno también encuentran refugio aves forestales y mamíferos habituales de los montes asturianos, como el zorro, el jabalí o el corzo.
Las Cuevas de Andía son, en definitiva, una excursión breve pero muy completa: naturaleza, historia romana, geología y un paisaje diferente dentro del occidente asturiano. No es un lugar monumental en el sentido solemne de la palabra; es más bien un rincón para descubrir despacio, con buen calzado y ojos curiosos. Y quizá por eso mismo resulta tan recomendable.
Cómo llegar a las Cuevas de Andía
¿Dónde están? En el pueblo de Andía, parroquia de Arancedo, concejo de El Franco.
Para llegar, hay que tomar como referencia A Caridá/La Caridad. Desde allí se sigue la carretera FR-1 hacia Arancedo durante unos seis kilómetros y, una vez en la zona, se toma el desvío señalizado hacia las cuevas, a unos dos kilómetros más. La visita solo se realiza con guía y es necesario reservar previamente, por lo que conviene organizarse antes de ir.
Cuevas de Andía reservar
Tipo de visita: guiada, con reserva previa.
Teléfono de reservas: 619 36 81 69.
Información importante de las Cuevas de Andía
· Duración/recorrido: ruta corta, en torno a 2 km.
· Recomendación: llevar calzado cómodo para camino de tierra.
· Importante: no es una ruta adaptada para movilidad reducida.
Texto: © Ramón Molleda para asturias.com






















