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Iglesia de San Tirso El Real

Iglesia de San Tirso El Real

Un templo discreto

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Iglesia de San Tirso El Real
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En el Oviedo antiguo, donde cada piedra parece haber escuchado sermones, conspiraciones y confidencias, se levanta, casi con pudor, la iglesia de San Tirso el Real. No se trata, desde luego, de la grandiosidad pétrea de la Catedral ni de la solemnidad barroca de San Isidoro; San Tirso, encajonada a un lado de la plaza de Alfonso II, es discreta, casi modesta.




Latitud: 43.3621559 Longitud: -5.8438225
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Los eruditos nos recuerdan que la fundó nada menos que Alfonso II el Casto, aquel rey que, entre guerras con musulmanes y alianzas inciertas con francos, todavía tuvo tiempo y ánimo para sembrar Oviedo de templos, palacios y reliquias. Pero, seamos sinceros: de aquel remoto siglo IX apenas queda un aliento de prerrománico en sus muros, un arco aquí, unos cimientos allá. El tiempo se encargó de transformarla en los siglos XII y XIV, de manera que lo que hoy vemos es más una recreación sucesiva que una reliquia intacta.

Si algo queda del templo que alzó Alfonso II el Casto es precisamente ese paño de muro de la cabecera con los tres arcos prerrománicos, que constituyen su blasón arquitectónico: ciegos, severos y solemnes. Los capiteles de las columnas cuentan con el collarino sogueado asturiano y sencillas hojas al modo de los capiteles romanos.

El visitante que abandona por unos minutos la majestuosidad de la Catedral descubre en San Tirso la medida exacta de lo humano: un templo pequeño, sobrio, en el que no hay excesos ornamentales ni mármoles altisonantes. Se estaba construyendo un estilo propio: el prerrománico asturiano, son la señal de un proyecto político y religioso que buscaba en la arquitectura un espejo de su legitimidad.

Y si levantamos la vista hacia el Naranco, encontraremos en Santa María —palacio devenido templo— una versión más ambiciosa de esa misma idea. Allí, los arcos ya no son tres y mudos, sino una sinfonía de vanos que dialogan con el paisaje y con la luz, convertidos en símbolo del poder de Ramiro I. La desnudez de San Tirso se transforma en exuberancia arquitectónica, pero la raíz es la misma: afirmar la solidez de un poder que aún era frágil.

Algo semejante ocurre en San Julián de los Prados, esa basílica amplia y luminosa que Alfonso II encargó para Oviedo como si quisiera traer un pedazo de Toledo perdida. Allí los arcos se multiplican y sostienen un espacio interior casi romano, mientras los frescos —hoy desvaídos— insistían en dar un aire de eternidad imperial a una corte provinciana.

Y si nos acercamos a San Salvador de Valdediós, en Villaviciosa, los arcos adquieren otro cariz: allí ya se anuncia el románico, con mayor complejidad espacial, pero sin perder el aroma de aquel arte asturiano que nació de la necesidad de afirmarse entre montañas y de la voluntad de sobrevivir entre invasiones.

Los tres arcos de San Tirso, pues, son como el abreviado catecismo de un estilo.

Conviene entrar, aunque sea un momento, porque San Tirso no pide solemnidad sino compañía. Allí está su retablo, digno y luminoso, y allí resuenan todavía las misas discretas, a las siete de la tarde o al mediodía de los domingos, como recordando que la ciudad no solo vive del bullicio estudiantil y la hostelería bulliciosa, sino también del ritmo pausado de sus campanas. En su interior también podemos encontrar la tumba de Balesquita Giráldez, conocida entre otras cuestiones por ser la fundadora de la conocida como Capilla de la Balesquida.

Por su historia y su belleza arquitectónica, en 1931 esta iglesia fue catalogada como Bien de Interés Cultural.

San Tirso el Real horario misas

  • De lunes a viernes: 19 horas.
  • Sábados y vísperas de festivo: 19.00 horas.
  • Domingos y festivos: 12.30 y 19.00 horas.

Fuente: Archidiócesis de Oviedo.

Prerrománico Asturiano

La ciudad de Oviedo, como capital del reino de Asturias que fue, guarda joyas arquitectónicas notorias que se fueron forjando durante 200 años de monarquía y de arte prerománico asturiano. Desde que comenzase el reinado de Don Pelayo en el año 722 hasta la muerte de Alfonso III en el 910, cuando la capital regia se traslada a León.

En Asturias se localizan 14 edificios con menor o mayor grado de conservación, principalmente en el centro de la región. Es muy recomendable una visita si queremos tener una perspectiva de este arte de dimensiones proporcionadas y sin grandes aspavientos.


Texto: para asturias.com Copyright Ramon Molleda



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