En Alenda, Iñaki Gómez y Lola Palacio dan forma a sus sueños gastronómicos en una casa de piedra con vigas de madera, cálida y serena. Un comedor íntimo donde dejarse cuidar: por la atención y las recomendaciones de Lola en sala y por las delicadas creaciones de Iñaki en cocina.
La cocina de Alenda parte de la tradición de fondo y guiso para llevarla al presente: platos ligeros, precisos, muy personales. Es una cocina cercana y de entorno, que mira al mar y a la montaña y se construye casi en el día: ellos mismos acuden a la lonja para escoger las mejores piezas y trabajan con ganaderías de confianza. La gran joya de la casa es su huerta: más de 500 m² de cultivo propio donde crecen hortalizas, hierbas y flores comestibles que se cortan y utilizan al momento en algunos de los pases.
En sus inicios, Alenda ofrecía una carta tradicional con guiños más atrevidos, que, poco a poco y animados por sus propios clientes, fue evolucionando hasta el concepto actual: creaciones de mar y montaña elaboradas con técnica, cariño y todo el aroma de una huerta que llega al plato fresca y llena de matices.
Aquí no encontrarás carta, sino tres menús degustación elaborados con producto de proximidad. La estructura de los menús —el número de pases— se mantiene, pero los platos cambian cada día según lo que ofrece la temporada y, muy especialmente, según marca la huerta. Es una apuesta por la sostenibilidad y por una cocina viva, que entra primero por los ojos y después convence en boca.

Lola es quien se encarga personalmente de la huerta: prepara la tierra, planta cada semilla y cuida de cada planta con mimo. Ese vínculo directo entre quien cultiva y quien cocina se percibe en cada detalle del menú.
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