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title:"Cuesta del Cholo Gijón"
description:"En Gijón, como en la vida, hay cuestas que se suben y cuestas que se bajan. La del Cholo, sin embargo, no es una cuesta cualquiera: es, si se me permite el capricho lírico, una inclinación del alma gijonesa hacia el mar. Una calle empedrada, con nombre de novela latinoamericana y destino de terraza perpetua, que baja desde Cimadevilla al puerto deportivo con la resignación elegante de quien sabe que cada paso es una excusa para quedarse quieto."
url: https://asturias.com/cuesta-del-cholo-gijon/
date: 2025-11-05
modified: 2026-03-06
author:"admin"
categories: ["Qué hacer en Asturias","Qué ver y visitar en Asturias"]
tags: ["¿Qué ver en la costa central de Asturias?","Qué ver en Gijón"]
type: post
lang: es
--- # Cuesta del Cholo Gijón **Su nombre oficial —Tránsito de las Ballenas—** suena a liturgia marina, y no le falta razón histórica: **aquí se descuartizaban ballenas cuando las había, allá por el siglo XVIII**, como quien trincha un mito al pie del muelle. Pero los gijoneses decidieron rebautizarla con **un apelativo más sonoro y afectuoso: la Cuesta del Cholo**. ### ¿Por qué se llama Cuesta del Cholo? El origen del apelativo, como tantos en Asturias, está perdido entre la niebla del humor popular y la niebla del Cantábrico. **Hay quien dice que “cholo” es vocablo peruano que significa mestizo**; hay quien lo discute, y los hay —sabios de chigre— que prefieren no saberlo, porque el misterio añade sabor a la sidra. Su origen es incierto y no podemos asegurar ninguna de las versiones que circulan por la red, así lo tenemos que dejar. Allí, en esa breve y legendaria pendiente, el suelo de piedra no sólo resiste los tacones y las bicicletas, sino que sostiene **una de las instituciones más vitales del urbanismo astur: la socialización al aire libre con sidra escanciada**. En cuanto el sol asoma por encima del espigón, los lugareños se reparten el espacio como se reparte el tiempo en verano: sin prisas y con vasos. La botella gira de mano en mano con la liturgia de quien celebra algo más que una bebida: celebra la permanencia de lo propio. La Cuesta del Cholo no se visita, se frecuenta. **Es lugar de paso que invita a detenerse, un balcón sin barandilla sobre el puerto**, con olor a sal, algarabía de gaviotas y ecos de conversaciones infinitas. Aquí se puede uno encontrar al paisano que desbarra sobre fútbol, al turista despistado que pregunta qué es un «culín», y al poeta urbano que se bebe el atardecer como si fuera un verso fresco. Los bares —que algunos llaman templos— se desbordan hacia la calle, sin más arquitectura que una mesa y unas sillas, porque el resto lo pone el entorno: los barcos, la brisa, y ese cielo de Gijón que, cuando quiere, se porta como una postal. Y no sería justo hablar de esta cuesta sin recordar su función en el viejo Gijón marinero, cuando los pescadores descargaban la mercancía a escasos metros, en la Rula, y la subasta del pescado era un acontecimiento tan crucial como la misa mayor. **El barrio de Cimadevilla, que le da sombra por un costado, ha sido siempre el corazón bronco y noble de la ciudad**, y la Cuesta del Cholo su rampa de acceso al presente. Hoy, que todo se nombra con etiquetas de marketing —que si street food, que si slow tourism—, **la Cuesta del Cholo sobrevive como una resistencia natural a lo artificial**. No hace falta disfrazarla de experiencia: basta con sentarse, pedir una botella de sidra y dejar que el tiempo pase por uno.
